CREO que NO CORRESPONDE.
Me siento a tomar una lágrima. El único mozo, que va de mesa en mesa, me parece conocido: ojos celestes, peinado con raya al costado, sonrisa algo rara, como forzada, que ya vi en otro lado, pero ¿dónde? Pido la cuenta con un creo que te conozco..., ¿de Glew? Puede ser, viví en Glew, ¿usted, vive en Glew? Vivía, me mudé. Yo también. ¿Puede ser que vivías en una casa alta? Sí. De ahí, entonces; yo vivía al lado. Ah, ustedes... ¿tenían una nenita rubia? Sí, y ahora tiene 19. Pero, usted era flaca.
Lo sigo mirando y él me sostiene la mirada. Sigue con esa sonrisa rígida, casi detestable, mientras le pago y comento, ya sin mirarlo, que pasaron 17 años. Y él, que su nena, que su esposa, que tuvo un nene hace. No sé bien qué dice porque yo me tildé en "flaca" y estoy tratando de recordar cuánto pesaba hace 17 años, pero no me acuerdo; y me voy, sin dejar propina. Porque creo que no corresponde: había sido de mi vecino, a pesar de su sonrisa.
Marcela, 6 de abril de 2013.
No hay comentarios:
Publicar un comentario