La vela tiene alma de piolín. Un alma
destinada a consumirse por el fuego. Y ella se sacrifica para dar a luz la luz.
Pero, ¿qué es una vela? La vela no duerme, la
vela vela aun cuando está apagada, porque en su mecha ya están impresas las
palabras, las cenas románticas, los rostros que alumbrará. En realidad, las
escenas están guardadas dentro del cuerpo de parafina, y se plasman en el aire
por contacto con el fuego.
El
fuego de la vela va quemando el tiempo, esa materia de la que estamos hechos, y
al consumirse, son nuestras vidas las que se van haciendo humo.
Páginas y páginas fueron disfrutadas y
sufridas bajo su luz. Voltaire escribiendo desvelado a la luz de una vela.
Darwin obsesionado describiendo en la noche la evolución de las especies iluminado
por otras velas. Mariquita Sánchez de Thompson leyendo la carta apasionada de
un amante que se despide de ella, a la luz subrepticia de otra vela. Los
cristianos en las catacumbas de Roma, con velas encendidas, arriesgando sus
vidas por la imperiosa necesidad de reunirse. Los mismos cristianos,
convertidos en velas humanas, que iluminaron aquella ciudad oscura.
Ellas, las velas encendidas, crean un ámbito
circunscripto, un espacio delimitado por la claridad que emanan, instalan una
frontera con las tinieblas. Los átomos de oscuridad quieren entrar en esa zona
y no pueden, rebotan en la cubierta de luz.
Las velas velando los muertos. Y los muertos,
envases vacíos, velados para que los que quedan vivos mitiguen la angustia
traída por la idea de que cada muerto está para siempre sumido en la oscuridad,
en el espacio insondable de la no vida.
La vela del cumpleaños, un año ya vivido, ya
ocurrido, ya perdido. Cada vela soplada, un año que se apaga. Y los deseos
musitados se entrelazan con la humareda blanca y grasosa para quedar pegados en
el techo.
Vela que escribe con hollín el techo del baño
público, y que prende un cigarrillo, y que gotea cera por el piso. Vela que
prenden el cura y la bruja y el manosanta, y que la venden más cara con los
grandes apagones.
Velas de colores, perfumadas, talladas, con
pétalos de orquídeas.
Vela barata, olvidada, caída, enciende un
incendio que cuesta muy caro y que no se olvida.
Vela que se confunde con las de tela, entre
las muchas definiciones del diccionario de la Real Academia.
Quien ve la vela, la ve vela.
Vela.
Vela. Vela.
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