sábado, 29 de junio de 2013

Tejiendo historias. Texto de Marcela.

TEJIENDO HISTORIAS
Jueves, 6 de la tarde, preparándonos para salir, la comida hecha para Francisco (que se quedaba) y, de pronto, su vocecita que dice: "Ma, para mañana tengo que llevar un cuadrado tejido de 25x25, cualquier lana". Entonces se armó el revuelo: las agujas, ¿dónde estaban?, ah, sí con algo a medio hacer en color rosa, ¿o fucsia?, ¡sí, con una lana fucsia!, ¿las vieron?, no, ¿25x25, estás seguro?, ¿para "biología"?, no puede ser. 
Salimos. En el auto la lazada pasaba por arriba o por debajo de mi dedo índice y a veces quedaba así, otras veces, asá. No podía acordarme bien cómo empezar pero algo me decía que estaba cerca. Pasame la regla: 25 cm. Quedó. Pero, al cabo de tres vueltas eran 40 cm, ¿y cómo pasó?, a empezar de nuevo. Y el tic-tic de las agujas que revivían los recuerdos de los muchos suéteres tejidos por mi vieja. Tic-tic y, ahora, Clarisa quería tejer: dame mami que algo me acuerdo; la abuela me enseñaba. 
Ya en casa, después de la cena, con Clari seguíamos compartiendo las vueltas: una cada una y... ma, ¿cómo era que se terminaba? Gran problema, pero lo resolvemos mañana porque yo ahora me duermo. Sí, ma, vos andá que yo sigo. La dejé tejiendo. 
A las 6.30 am del siguiente día, en camisón y parada en el pasillo, con el cuadrado de 25x25 entre manos, me devanaba los sesos tratando de recordar cómo se terminaba la última vuelta. Que tomo dos puntos, que eso es reducir y se hace un chorizo, que destejo y se me escapa un punto. Fran, ¿y si lo llevás con la aguja puesta? Le decís a la profe que tu mamá no se acordaba y que tu abuela ya no está para preguntarle. Dale ma, vos podés. 
Y pude, como cuando te dicen que andar en bicicleta es algo que no se olvida, que después de 20 años te subís a una y salís andando. 
Marcela

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