sábado, 27 de julio de 2013

NUBE BLANCA

NUBE BLANCA
Le había dicho varias veces que dejara de hacer ruido con esa amoladora. Cuando todavía me podía oír se lo había dicho. Mientras tanto, seguí cebando, pero me costaba acertar el chorrito de agua en la boca del mate porque la nube blanca lo tapaba todo; y él, dale, con ese ruido infernal cortando las baldosas, y el polvo que se espesaba y me tapaba la nariz, y se me metía por debajo de la pollera, por debajo de las uñas, por entre los huesos. Dejé de pasarle el mate porque ya ni lo veía, ni veía mi mano, ni la bombilla. Ciega, seguí chupando. El agua me ayudaba a tragar la nube.
Él no se detuvo. Debe haber continuado con la máquina hasta cortarlas todas o hasta darse cuenta de que yo no estaba.
Hace rato que escucho que me llama, que dice mi nombre, y hasta creo que lo escucho llorar.


Marcela

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